«Cervantes», «cervantino», «cervantesco».La derivación de adjetivos a partir de nombres y apellidos

¿Alguna vez han tenido la dificultad de no poder describir las cualidades de una persona porque es muy difícil detallar aspectos individuales sin hablar de toda ella? En muchos casos, salimos del paso usando lugares comunes como esto es típico de fulano o perengano es perengano; sin embargo, para estos casos el español tiene la opción de convertir en adjetivos todos aquellos sustantivos con cualidades muy específicas o significativas.

Los adjetivos relacionales son palabras que, generalmente, provienen de un sustantivo base y expresan un vínculo entre esta y el sustantivo al que van ligados dentro de la proposición. Por ejemplo, policía es la base del adjetivo policial y nos permite describir cualquier cosa de la policía sin mayores explicaciones: operativo policial, equipo policial, etcétera.

Esta derivación se puede aplicar también a nombres propios de personas (llamados antropónimos) y los adjetivos resultantes más conocidos los encontramos, mayormente, en las artes, las ciencias o la religión: el Festival Cervantino (relativo a Miguel de Cervantes), la teoría darwinista (perteneciente a Charles Darwin) o las escuelas lasallistas (de San Juan Bautista La Salle). En cada caso, las acciones de un individuo han adquirido tal trascendencia que su nombre es la forma más fácil de resumir todas sus propiedades y cualidades para no tener que detallarlas por separado.

Casi en su mayoría, estos adjetivos se construyen usando los sufijos -iano, -ano, -ino, -esco, -eño, -ista, -ico o -ense. Sin embargo, aunque en la práctica es común que todas las opciones se intercambian sin ningún tipo de rigor, en realidad cada una tiene particularidades en su uso y significado; así que conviene considerar las intenciones detrás del adjetivo que se quiere crear e investigar casos parecidos, en especial si se usarán en contextos oficiales o formales.

Por ejemplo: los sufijos -ano e -iano, que son las opciones más populares, indican pertenencia o procedencia; mientras que -esco, aunque tiene un uso más generalizado con nombres italianos o franceses (como en el caso de dantesco), también sirve para resaltar confusión, exageración, extravagancia o falta de naturalidad con relación a la palabra raíz. Por ello queda mejor que el festival sea cervantino (relativo a Cervantes) y no cervantesco (sugiriendo un evento que favorece una aproximación descuidada al autor); aunque ambos constan en los diccionarios con significados equivalentes.

En otro caso, el sufijo -ista, generalmente, se usa para destacar que algo pertenece a un trabajo o que participa de un hábito o creencia particular; entonces hay una diferencia entre adjetivos como macroniano (relativo a Emmanuel Macron: liderazgo macroniano) y macronista (partidario de esta persona o su corriente política o que es miembro de su gobierno: el ministro macronista).

Por estas particularidades y la obvia necesidad de saber quién es o qué hizo el nombre que usamos como base es que este tipo de palabras cargan con el estereotipo de que solo las pueden crear y usar personas con amplia cultura general y conocimientos del español; términos específicos como bolivariano, goyesco, maquiavélico o hegeliano pueden resultar algo incomprensibles sin una ligera idea de las personas a las que se refieren.

Sin embargo, la lengua no se rige solamente por famas particulares; así que no existe alguna prohibición que impida la creación de este tipo de sustantivos con base en antropónimos que son significativos a nivel personal, familiar o en gremios específicos, como ocurre en los casos de la política o la farándula. Por eso vemos en medios el uso de palabras como trumpiano, trumpista, zelenskiano, zelenskista, erdoganista o xijinpista.

Si bien esta práctica obedece a la necesidad de acortar descripciones y que el autor suene  más «intelectual» y «académico», en nuestra vida diaria podemos hablar de los destrozos pelusinos (porque la gatita Pelusa es una fuerza de la naturaleza), las respuestas karenescas (cuando falta palabras para ciertas actitudes frustrantes) o la belleza calamardina (en caso de tener que sintetizar el atractivo inefable contenido en el meme de Calamardo guapo). El español tiene la flexibilidad de que nos permite practicar la derivación de adjetivos tanto por deleite personal como por necesidad laboral para facilitarnos la descripción de las cosas.