El pasado 2 de marzo, mientras revisaba mi timeline en la red social X, me encontré con una pequeña controversia lingüística. Ese día se conmemoraba la erección del Estado de México, y las cuentas oficiales de los municipios y del propio gobierno estatal habían publicado mensajes al respecto.
Lo que siguió fue una mezcla de patriotismo, humor involuntario y reclamos: «Está bien escrito, pero creo que pudieron encontrar otras palabras más asertivas», «Ni una efeméride puede hacer bien el gobierno de Morena», «Increíble que nadie preguntara: “¿Y si usamos otra palabra para que no ‘nos agarren de bajada’”»?
En las redes sociales solemos comunicarnos de manera coloquial. La palabra «erección» dispara de inmediato una connotación biológica y sexual. Sin embargo, para el historiador, el abogado o el redactor institucional, este término es la forma precisa de describir el nacimiento de una entidad soberana.
Este hecho nos brinda una oportunidad para analizar cómo el lenguaje y la comunicación se transforman y cómo la historia de las palabras puede chocar frontalmente con la percepción pública moderna.
El origen del término
En su etimología, la palabra «erección» proviene del latín erectio, -ōnis, que significa la ‘acción de erigir’. A su vez, el verbo erigir tiene como primera acepción en el Diccionario de la lengua española: ‘fundar, instituir o levantar»’.
Esa primera acepción, hoy menos frecuente, se encuentra en textos históricos y legales en los que se describe la construcción de edificios, la fundación de ciudades e incluso la creación de instituciones políticas. Con el paso del tiempo, este significado institucional ha ido perdiendo presencia, mientras que el sentido fisiológico ha ganado mayor reconocimiento popular en el habla. El resultado es que una palabra con siglos de historia jurídica suena hoy, para buena parte del público, como una broma involuntaria.
¿Debió cambiarse el término?
La pregunta es legítima, pero la respuesta más honesta es que el problema no está en la palabra, sino en el registro. En contextos formales como los documentos oficiales, crónicas históricas, resoluciones legislativas el término «erección» es técnicamente correcto e irremplazable sin cierta pérdida de precisión. En las redes sociales, donde el registro es predominantemente coloquial, la palabra resulta disonante.
¿En qué otras situaciones se usa la palabra? Esta convive en el español con otros significados: el estado de rigidez de un órgano en biología; la construcción de un edificio o monumento en arquitectura. También puede emplearse, como en este caso, para describir la fundación o establecimiento de una entidad política.
Por eso, la próxima vez que veas un comunicado oficial que celebre la «erección» de un estado, recuerda que estás ante un fósil viviente del español histórico y técnico. Las palabras, al igual que los estados, se erigen sobre cimientos sólidos de significado.
En un mundo lleno de dudas frecuentes sobre el idioma, donde las redes sociales nos empujan a escribir con inmediatez y sin reflexionar lo suficiente, entender la historia detrás de las palabras nos permite ver más allá del chiste fácil y apreciar la arquitectura de nuestro lenguaje. No se trata de defender a ciegas el vocabulario oficial ni de rendirse ante el lenguaje coloquial: se trata de saber leer los dos registros y reconocer cuando cada uno tiene la razón.

