¿Sabías que hay más de una forma de nombrar a la lluvia (la acción de llover o el agua que cae de las nubes)? Según algunas compilaciones, existen alrededor de 70 palabras en español para describir el fenómeno con base en su duración, intensidad y otros elementos asociados, como la presencia de viento, granizo o inundaciones. Para usarlas con un poco más de confianza debemos recordar que, si bien existe una clasificación formal en meteorología, en el español cotidiano las descripciones se basan en la percepción personal y no en una medición estricta con instrumentos de cada aspecto de la precipitación.
Y así encontramos nuestra primer variante del tema: «precipitación» se refiere a cualquier forma de agua procedente de la atmósfera que se deposita en la superficie de la tierra, sin importar su estado físico (por esta razón, la lluvia, la nieve, el granizo o el aguanieve se pueden describir, todas, como precipitaciones).
En muchos casos, la caída de gotas no evoluciona en una lluvia más intensa; entonces, en este escenario, hablamos, de forma general, de una «llovizna». Pero también podemos invocar muchas variantes regionales que se usan para describir casi el mismo grado de intensidad. Por ejemplo: «chispear» es la caída de las primeras (o de pocas) gotas; mientras que términos como «sirimiri», «chipichipi», «orvallo» o «matapolvo», entre otros, hablan de lluvias de intensidad muy leve o que apenas mojaron el suelo.
Ahora bien, si ya se «soltó» formalmente el agua (una forma coloquial de llamar a cualquier precipitación), entonces podemos usar las palabras «aguacero» o «chaparrón»: una lluvia repentina y abundante, pero de corta duración. Pero si viene acompañada de mucho viento, entonces estamos hablando de un «chubasco».
Un «temporal» es una tormenta grande o una lluvia muy persistente, en tanto que un «vendaval» se refiere, principalmente, a la presencia de vientos fuertes (con o sin lluvias). Por su parte, una «tromba» (también llamada «manga») describe, en general, una columna de agua que se eleva, por acción del viento, desde el mar o un cuerpo de agua, pero también se acepta que puede ser una variante de términos como «aguacero».
Luego tenemos que un «diluvio» es una lluvia copiosa y, aunque no hacen falta más elementos para usar esta descripción, su simbolismo se refuerza cuando la caída de agua produce cualquier cantidad de inundaciones; mientras que una «tormenta» es un fenómeno violento que incluye alguna forma de precipitación (lluvia, nieve o granizo) con vientos fuertes y, principalmente, relámpagos. Después tenemos los términos «borrasca» y «tempestad» para identificar tormentas fuertes, pero suelen usarse más en el contexto marítimo (si nos queremos poner estrictos con las intensidades, la diferencia entre las dos es que la última tiene mayores vientos).
Adicionalmente, tenemos varios otros regionalismos y formas poéticas para nombrar a cada una de las variantes de precipitaciones que nos podamos imaginar; por esto mismo no hay excusas para que se nos seque el cerebro en cualquier temporada: ya sean «lloviznas», «aguaceros», «chubascos», «temporales», «trombas», «tormentas», «tempestades» o «diluvios» (o solo la caída de unas míseras gotas), tenemos distintas palabras y frases con las que jugar para hablar de «las aguas» que caen de los cielos.

