Halloween y Día de Muertos: temporadas de leyendas, mitos y muchos extranjerismos

La temporada favorita para contar varias leyendas y mitos es Halloween y Día de Muertos, y con ellos llega una buena oportunidad para aprender a manejar el concepto de los extranjerismos (préstamos de otros idiomas que conservan su grafía y pronunciación originales) y ejercitar cómo resaltarlos tipográficamente con comillas (o cursivas) para indicar que son ajenos a nuestras ortografía y cómo diferenciarlos de palabras que no lo son, porque ya están adaptadas al español, o que no deben marcarse, ya que siguen otras reglas.

Nuestro primer reto, y la primera excepción, es la palabra «Halloween»: aunque es un préstamo extranjero también es un nombre propio y, siguiendo las reglas de la RAE sobre nombres de festividades, debe escribirse con mayúscula inicial, tipografía normal (redondas) y sin comillas. Algo similar ocurre con los nombres de dioses, personajes religiosos y seres mitológicos con identificación particular: estos nombres propios deben escribirse con mayúscula inicial y sin ningún tipo de marca. Por ejemplo: Copilli, Polifemo, Gilgamesh, Clío o el Coco.

Cuando pasamos a los seres mitológicos y fantásticos, tenemos que varios entes que acechan la imaginación (en especial cuando se trata de criaturas populares o clásicas) ya tienen un nombre adaptado al español y es preferible usarlo por encima de sus versiones extranjeras. Entonces, es mejor «el zombi» y «los zombis» que el zombie y los zombies; o «licántropo», «licántropa», «hombre lobo» o «mujer loba», y sus respectivos plurales, a werewolf

Por su parte, los nombres de otras criaturas,que no se refieren a un individuo en específico, se consideran sustantivos comunes y no deben escribirse con mayúscula inicial (un kraken, la cocatriz, un ogro…). Al estar adaptados al español, tampoco deben llevar ningún resaltado, y sus derivaciones, en muchos casos, siguen reglas de palabras similares en español. Por ejemplo: el femenino de «ogro» puede ser «ogra» u «ogresa» (el español culto, de momento, favorece este último); mientras que el plural de «kraken» puede ser «los kraken» o «los krákenes» (siguen reglas similares a la palabra «abdomen» y su acentuación). 

Solo si no existe ninguna adaptación al español, o si decidimos usar a propósito la versión original, es cuando entramos de lleno en las «místicas» reglas de los extranjerismos crudos, que sí deben ser resaltados para diferenciarlos del resto del texto.

Es por ello que cuando hablamos de los yōkai (espectros del folclor japonés), los manananggal (criaturas aladas de Filipinas que pueden partir su cuerpo en dos), los ljósálfar (los elfos de luz de la mitología nórdica), los daimons (espíritus guías o deidades menores de la mitología griega), las tsitsimimeh (seres nocturnos de la mitología azteca cuya misión era destruir el sol), los djinn (genios) o los annedotos (animales fabulosos de la mitología caldea), entre muchas otras criaturas de mitos y leyendas cuyos nombres no siguen la ortografía española, debemos escribirlos con el resalte tipográfico correspondiente.

Aunque es preferible optar por las versiones en español, el uso de extranjerismos en un texto tiene motivos válidos (como la precisión, la expresión emotiva, el respeto cultural, entre otros); no se debe invocarlos a lo loco, pero tampoco es sabio querer exorcizarlos todos cuando el contexto los permite o, incluso, exige usarlos.