América salta a la cancha de juego (segunda parte)

El aprendizaje y difusión de las lenguas «generales» que mencioné en una entrada anterior integraba a los indígenas a un núcleo idiomático y cultural más vasto, lo que permitió dar el primer paso para su hispanización. Estas lenguas «generales»eran el principal objeto de estudio de los misioneros  que, por cierto, no abandonaron el estudio de otras lenguas, algunas de las cuales se cultivaron hasta el siglo XVIII.

Algunos frailes de la Nueva España aprendieron náhuatl; otros, mixteco, zapoteco, huasteco, chontal, otomí, totonaco o tarasco. Entre los agustinos era obligatorio el estudio de las lenguas, y la Orden usaba en México diez lenguas distintas. El papa Pío V exhortó a los dominicos a su estudio, y entre los franciscanos hubo notables lingüistas, como fray Andrés de Olmos, que predicaba en diez lenguas.

Los trabajos de fray Bernardino de Sahagún y fray Toribio de Benavente facilitaron la misión evangelizadora. Ellos conocieron la lengua de los oprimidos, estudiaron las gramáticas de esas lenguas y tradujeron a ellas los catecismos, las homilías, las oraciones y los textos sagrados, apoyados por la temprana introducción de la imprenta (1539).

Lo mismo ocurrió en la meseta de Colombia y en tierras del Perú, en donde, como lenguas generales, se impusieron el muisca y el quechua. Lexicón, o Vocabulario de la lengua general del Perú y Gramática o arte de la lengua general de los indios de los reinos del Perú se titulan las obras publicadas en 1560 por fray Domingo de Santo Tomás, y la expresión de «lengua general» quedó consagrada por Felipe II en su Real Cédula del 19 de septiembre de 1580, en la que ordena que en las universidades de México y de Lima, así como en las ciudades donde hubiera Real Audiencia, se establecieran cátedras de «la lengua general de los indios», y que los prelados de Indias no ordenaran sacerdotes a quienes no conocieran «la lengua general» de los indios de la provincia.

Pero si el absolutismo, representado por Carlos V y por Felipe II, fue liberal en materia de idiomas, y tanto que durante los primeros años de la dominación española, paradójicamente, el quechua y el náhuatl alcanzaron su mayor difusión —el náhuatl como «lengua general» llegó a hablarse desde Zacatecas hasta Nicaragua—, no ocurrió así durante el reinado de los primeros Borbones, y el «liberalismo», representado por Carlos III (1716-1788), absolutista en materia de lenguas ordenó terminantemente «que se extingan los diferentes idiomas y solo se hable el castellano». En esta forma, dejando a un lado la vieja actitud misionera y catequizadora, se abrían paso los motivos políticos de Estado. La corriente de la Ilustración, procedente de Francia, imponía a los indios «las luces» de la lengua española; todo el Imperio debía tender a un ideal de unidad: un peso, una medida, una moneda, una lengua. Se daba así el paso definitivo hacia la hispanización de América.

De los cientos de lenguas americanas, las que más influyeron en el español son las lenguas caribes, el náhuatl, el quechua, el araucano y el tupí-guaraní, que son las que han aportado mayor número de voces, conocidas como indigenismos, que pasaron al español, en algunos casos solo en la región donde se hablaba la lengua de la que procedían, o pasaron al español de toda América.

En el Caribe había «gente amorosa»

El primer contacto de Colón y sus hombres con los pueblos de América tuvo lugar con los taínos de la isla de San Salvador. Colón informó a los Reyes Católicos que eran «gente de amor y sin pudicia… En el mundo creo que no hay mejor gente ni mejor tierra: ellos aman a sus prójimos como a sí mismos y tienen el habla más dulce del mundo, y mansa, y siempre con risa». Se cree que los taínos, antes del descubrimiento de América, habían sido desalojados por los caribes de las llamadas Pequeñas Antillas.

En la región del Caribe se hablaban las lenguas de dos importantes familias: la caribe y la arahuaca; esta última abarca el taíno, o sea, el arahuaco de Cuba y Santo Domingo.

En mi próxima entrega mostraré algunos ejemplos de las voces a que hago referencia.