Una coma de 10 millones de dólares
«La falta de una coma en la legislación desató un conflicto judicial millonario».
La historia comienza con una empresa de lácteos
Oakhurst Daisy, una empresa estadounidense de lácteos, enfrentó un descalabro financiero por unos 10 millones de dólares, por concepto de horas extras, que tuvo que pagar a un grupo de conductores de camiones, después de que este ganara una demanda ante la justicia laboral.
Un tribunal de apelación emitió su fallo a favor de los conductores, argumentando que la falta de una coma en la legislación del estado de Maine, en el noreste de Estados Unidos, relativa al pago de horas extras, era demasiado ambigua en su regulación. Establecía que las siguientes actividades no calificaban para el pago de horas extras: «El envasado, procesamiento, conservación, congelamiento, secado, comercialización, almacenamiento, embalaje para el envío o distribución de productos agrícolas, productos de carne y pescado y alimentos perecederos».
¿Qué alegaron los conductores?
Los conductores alegaron que la falta de una coma entre las palabras «envío» y
«o distribución» significaba que la legislación se aplicaba solo a la actividad individual
de «embalaje», en lugar de «embalaje» y «distribución» como dos actividades separadas. Debido a que los trabajadores del volante distribuyen las mercaderías, pero no las embalan, dijeron que ellos calificaban para el pago de horas extras, con un pago retroactivo a varios años atrás.
Previamente, un tribunal de distrito había fallado a favor de la empresa lechera en primera instancia, pero el juez de apelaciones estadounidense, David J. Barron, lo anuló.
«Concluimos que el alcance de la exención, en realidad, no es tan claro en este sentido», escribió en su fallo judicial. «Y porque, bajo la ley de Maine, las ambigüedades en las leyes de salarios y horas extra del estado deben ser interpretadas liberalmente, para lograr su propósito remediador, adoptamos la lectura de los conductores», concluyó.
BBC Mundo consultó a la empresa láctea, para saber si consideraría presentar una apelación al fallo, pero no obtuvo respuesta.
Lamentablemente, el caso de Oakhurst Dairy no es ni será el primero ni el último en perder mucho dinero por el desconocimiento de las reglas de puntuación o de ortografía.
Una coma fuera de lugar
«El error en un decimal hizo que una empresa fabricante de aviones perdiera millones».
Cuando el gigante estadounidense de la industria aeroespacial y militar, Lockheed Martin, firmó un acuerdo para construir un avión de transporte Hércules para una fuerza aérea, que no fue revelada, sabía que la fabricación tardaría varios años. En el contrato que suscribió en 1999, declaró que el precio de los aviones aumentaría con el tiempo, a fin de reconocer, contablemente, los efectos de la inflación.
Desafortunadamente, la fórmula empleada para calcular el precio de la aeronave tenía un «pequeño gran error tipográfico»: una coma estaba corrida un decimal. En ese momento, no se informó el valor total del contrato.
Un alto ejecutivo de Lockheed dijo: «La coma le costó a la empresa 70 millones de dólares», según el diario británico The Independent. Sin embargo, pese a la pifia financiera, la firma había generado ganancias totales por 1,000 millones de dólares el año anterior, aproximadamente.
Recuerda que una coma mal empleada (u omitida), puede cambiar el sentido de una oración, pero también, como vimos en estos dos casos, puede hacerte perder una fortuna. ¿Qué te parece si mejor aprendemos a usarlas correctamente?

